Ensalada templada de berza o kale salad

La ensalada templada de berza, o kale salad, es la forma más rica de comer una verdura que a primera vista resulta dura. Bien masajeada con aceite y limón, la berza se vuelve tierna y sabrosa, y admite cualquier aliño.

Ensalada templada de berza o kale salad

Calabazas, tubérculos y raíces

Conviene leer la receta entera antes de encender el fuego. Cocinar sin prisa y con los ingredientes ya pesados sobre la encimera ahorra improvisaciones, evita que algo se queme y hace que el proceso sea mucho más agradable.

La verdura congelada es una buena aliada siempre que se elija bien. Los guisantes, las judías y las espinacas congeladas conservan perfectamente sus propiedades y resuelven una comida en cinco minutos.

Aliños que hacen brillar una verdura

Las especias son la memoria de la cocina. Un mismo guiso de lentejas puede viajar al Magreb con comino, pimentón y canela, o quedarse en Galicia con laurel, pimentón dulce y un buen sofrito. Cambiar el condimento es la forma más barata de comer distinto.

El horno es un gran aliado para quien cocina con poco tiempo. Una bandeja con verdura cortada, un chorro de aceite, sal, pimienta y hierbas resuelve una cena completa con apenas cinco minutos de trabajo real.

Cocinar verduras para los más pequeños

Comprar verdura de temporada es más barato, más sabroso y más sostenible. En primavera apetece espárrago y guisante, en verano tomate y calabacín, en otoño seta y calabaza y en invierno col, puerro y raíces.

De muchas verduras se aprovecha casi todo. Los tallos del brócoli van al salteado, las hojas de la remolacha a la crema, la piel de la calabaza al horno y las puntas del puerro al caldo. Tirar menos es también cocinar mejor.

Cómo conservar color y nutrientes al cocinar

  • Cocer el tiempo justo y enfriar rápido en agua con hielo.
  • Escaldar las verduras verdes antes de saltearlas.
  • Asar a temperatura alta para caramelizar sin perder textura.
  • Aprovechar el vapor en lugar de hervir en mucha agua.
  • Aderezar en el último momento con aceite y sal.
  • Servir la verdura al dente y con un punto crujiente.

Crudas, al vapor o salteadas

Cruda, al vapor o salteada: no hay una forma mejor que otra, solo momentos distintos. En verano apetece crudo y fresco; en invierno, un salteado con especias reconforta mucho más que cualquier ensalada.

La textura es lo que diferencia una receta casera de una mediocre. Un mismo puré puede resultar sedoso o arenoso según cómo se triture y con qué; merece la pena cuidar ese detalle porque es lo primero que percibe la boca.

Mejor cocción según el tipo de verdura

VerduraMejor cocciónQué realza
Hoja verdeSalteado rápidoTextura crujiente
RaízHorno o puréDulzor natural
CalabazaAsadaSabor concentrado
ColiflorHorno con especiasSabor tostado
Judía verdeVaporColor y frescura

El dulzor excesivo es el error más común en repostería vegana. Antes de añadir azúcar conviene probar la masa: la fruta madura, el plátano o el dátil ya endulzan bastante y permiten reducir la cantidad sin que se note.

Conservar la verdura fresca toda la semana

Presentar el plato con cierto orden también forma parte de la receta. Un chorro de aceite por encima, unas semillas tostadas o una hierba fresca picada al momento mejoran la percepción del plato antes del primer bocado.

Un plato vegano redondo se apoya en tres cosas: una base que sacie, una grasa que aporte untuosidad y un toque ácido o especiado que despierte el conjunto. Si falta alguna de las tres, la receta se queda corta aunque los ingredientes sean excelentes.

Verduras de temporada: qué comprar cada mes

Calabazas, boniatos, zanahorias y remolachas son la despensa del otoño. Dulces por naturaleza, aguantan semanas en un lugar fresco y se convierten en cremas, asados o guisos con muy pocos ingredientes más.

Conviene leer la receta entera antes de encender el fuego. Cocinar sin prisa y con los ingredientes ya pesados sobre la encimera ahorra improvisaciones, evita que algo se queme y hace que el proceso sea mucho más agradable.

Para que una verdura conserve su color hay que cocerla el tiempo justo y enfriarla enseguida. Un baño de agua con hielo después de escaldarla fija el verde y evita ese tono apagado que aparece cuando se pasa de cocción.

Comprar verdura de temporada es más barato, más sabroso y más sostenible. En primavera apetece espárrago y guisante, en verano tomate y calabacín, en otoño seta y calabaza y en invierno col, puerro y raíces.

Cada técnica de cocción da un resultado distinto. Al vapor se conservan los nutrientes y el sabor limpio, asada se concentran los azúcares, salteada gana textura y en crudo se aprovecha toda su frescura.

Una verdura sosa casi siempre es una verdura mal aliñada. Aceite de oliva, limón, sal en escamas, unas semillas tostadas y una hierba fresca cambian por completo la percepción de un plato que parecía aburrido.

Aderezar en el último momento es la regla de oro con la verdura. La sal y el aceite aplicados justo antes de servir mantienen la textura crujiente y evitan que el plato se vuelva blando y tristón. Queda la receta y queda la costumbre; lo demás se aprende cocinando.